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  • Foto del escritorAna Sainz-Pardo

LA INSEGURIDAD Y LA INDECISIÓN. Las voces y los ojos.

Actualizado: 18 may



La INSEGURIDAD es el malestar provocado por el miedo a diferentes situaciones, bien estén relacionadas con la toma de decisiones o sean situaciones sociales.

Es la dificultad de escoger entre diferentes opciones que encaminan a un objetivo o meta. También implica la duda eterna y constante sobre si lo que hacemos, pensamos y/o decimos es correcto o no.

Va muy de la mano con la INDECISIÓN, que es la falta de determinación ante una situación concreta. El tener que tomar una decisión es algo vivido con gran conflicto, y el malestar que genera impide al natural funcionamiento en la vida de una persona.


La indecisión viene definida por la falta de seguridad. Y se trabaja incidiendo sobre la segunda, aumentando la confianza, la asertividad y dando valor a lo que la persona desea, siente, prefiere y elige, aprendiendo a no priorizar el complacer a los demás.

 

Todos a lo largo de nuestra vida podemos sentirnos inseguros y/o indecisos ante determinadas situaciones, es natural y no tiene por qué suponer una distorsión de nuestra vida diaria.

Pero hay veces que ese malestar y esa duda incómoda se presentan de forma recurrente, interfiriendo claramente en el mundo relacional de la persona, generando dificultades en sus comunicaciones, emociones y suponiendo un enorme sufrimiento psicológico.

La inseguridad suele ir asociada a dificultades en la autoestima ya que la persona se siente vulnerable, sin confianza en sí misma y da demasiada importancia al “qué dirán”, percibiéndose continuamente juzgada y presionada. Tiene miedo a defraudar.


La inseguridad puede estimular reacciones de todo tipo para evitar el malestar que produce; desde estados de paranoia, bloqueo, timidez o aislamiento social, a incluso respuestas con agresividad, prepotencia o arrogancia. Por lo tanto, puede alterar la vida de quien la sufre.


Para entender mejor la inseguridad, y sirve igualmente para la indecisión, yo explico que es como vivir con voces en la cabeza, y con ojos observadores que nos rodean. La persona que no es capaz de tomar decisiones con soltura y libertad, se siente valorada por lo que hace, dice e incluso piensa.


Sus discursos internos dan vueltas a lo que debe o no debe hacer, decir, pensar… A por qué sí, por qué no, y qué implica esto… A quién le afecta, a quien le gustaría, con quien estaría de acuerdo, con quien no, y cómo se sentiría, y por qué, y cómo cambiarlo, y eso qué implicaría… bla, bla ,bla… alegatos infinitos de pros y contras, enredados, sin orden. Caos.

Esto aumenta el nerviosismo, la ansiedad, la frustración, la rabia, el enfado. No permite avanzar en la toma de decisiones.


Si trabajamos sobre esos pensamientos intrusos, que no son muy realistas y que pueden llevar a una interpretación del mundo distorsionada y poco objetiva, nos ayudará a obtener y desarrollar una autoestima sana. Ayudará también trabajar en la comunicación y habilidades sociales, asertividad y en la capacidad de solucionar problemas.


Además, podemos mirar a los ojos que nos miran y hablar a las voces que nos hablan. Pero vamos a hacerlo como se debe, así aprenden a hacerlo ellos también: mirar con calma, con atención, con cariño, amigablemente.

Escuchar las voces. Con ánimo de entender, comprender, sin interrumpir.

Hablar tranquilos, validar las experiencias, preguntar lo que no se entiende, proponer ideas sin miedo a equivocarnos, rectificar, elogiar y pedir perdón, si es necesario.


La inseguridad y la indecisión se entrenan, se mejoran y se superan. No son oír, ver y callar.


Ana Sainz-Pardo



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