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  • Foto del escritorAna Sainz-Pardo

"Dejar de intentar sentirnos buenas personas para poder serlo"

Actualizado: 18 may


Me ha gustado mucho esta intervención de Dolly Chugh sobre el “dejar de SER BUENOS para intentar SER MEJORES” en TED.


Habla sobre las percepciones, la detección de nuestros prejuicios y de aprender de los errores.


Explica la importancia que tiene para nosotros la identidad moral de sentirnos buenas personas, independientemente de la definición que tengamos cada uno de tal concepto.


Dolly es una científica social que estudia la psicología de las buenas personas, y comenta, que no nos damos cuenta de que este trabajo que hacemos por cumplir los protocolos requeridos para conseguirlo, en realidad juegan en nuestra contra.


Señala, sorprendentemente, que el camino para ser una buena persona es dejar de esforzarnos tanto en serlo.


Habla sobre la racionalidad limitada, y dice que el cerebro tiene un poder limitado de procesamiento por lo que depende de atajos mentales para hacer su trabajo.

Por ejemplo, en un momento determinado pueden venirnos a la mente 11 millones de datos, de los cuales solo procesaremos 40 de forma consciente. El resto son automatismos, y esto nos puede llevar a cometer errores (como ocurre a veces al conducir sin prestar atención al camino, o no encontrar un objeto que siempre hemos tenido delante nuestro).


Dolly desarrolló una investigación con otros dos colaboradores sobre la ética limitada, que, bajo la misma hipótesis de la racionalidad limitada, explica cómo nuestra mente también comete errores en la toma de decisiones a nivel ético. Y que estos errores a veces nos llevan a ser injustos, o a herir a otras personas, y lo hacemos sin querer. El gran problema aquí sería que, en vez de aprender de nuestros errores, tendemos a justificarlos.


Esto se ve muy claramente en el prejuicio inconsciente, que es el que nos hace crear prejuicios sin evidencia solo basados en asociaciones y conexiones mentales en forma de atajo.

Por ejemplo, en la investigación encuentran que hay más asociaciones de cosas buenas con la gente que es blanca, o de la ciencia con hombres en vez de con mujeres, etc.

Nuestro cerebro va creando estas conexiones para almacenar la información y poder tener acceso a ella. Por otra parte, todas estas asociaciones no se tienen que alinear con lo que la gente piensa conscientemente, pero se van creando ahí en la parte más inconsciente. Y esto, por tanto, en ocasiones nos lleva a cometer errores que realmente no forman parte de lo que nosotros sentimos que somos, lo que nos traslada a nuestra zona roja defensiva.


La zona roja defensiva, es la zona donde nos encontramos cuando nos hacemos conscientes de los errores cometidos. Es donde la lucha por ser buenas personas se hace consciente.

En su investigación encuentran, que cuanto más lejos estamos de la zona roja, nuestro comportamiento ético suele ser menor. Es como que nos relajamos y dejamos de trabajar por sentirnos buenos (y ojo porque habla de sentirnos buenos, no ser buenos, que no es lo mismo).


Parece que sobreestimamos nuestra brújula interna que regula nuestra toma de decisiones éticas, y también no tenemos demasiado en cuenta lo que afecta nuestra visión de lo que es ser una buena persona en nuestro comportamiento. Y, de hecho, y aquí viene la gran conclusión del tema, nos esforzamos tanto por alejarnos de nuestra zona roja e intentamos sentirnos buenas personas con tanta insistencia que no nos permitimos aprender de nuestros errores, que es lo que realmente nos permite ser buenas personas.


Tenemos una visión binaria de lo bueno y de lo malo, porque parece que o eres bueno o no lo eres. No hay rangos intermedios. Y esta posición polarizada no da lugar al aprendizaje, al crecimiento. Y esto es injusto, porque en otros ámbitos de la vida sí que nos damos ese permiso de aprender cosas para mejorar. Pero ser buena persona se supone que simplemente lo tienes que ser, y punto, dejando fuera el beneficio del esfuerzo y del desarrollo.


Dolly propone olvidarse de ser buenas personas todo el tiempo, y simplemente ampliar la vara con la que nos medimos, para poder así ser moderadamente buenos.


Apostemos por ser personas moderadamente buenas que cometen errores, les aceptan y aprenden de ellos. Sabiendo, además, que los errores en casos de ética, prejuicios, inclusión o diversidad son errores con costos reales en personas reales. Pero se deben aceptar. Hay que esforzarse para buscarlos y rectificarlos, aprender y crecer.

Es un proceso que puede resultar incómodo, vergonzoso e incluso que nos hace vulnerables, pero que sin ninguna duda permite el progreso.


Debemos permitirnos esto para poder ser mejores.


Ana Sainz-Pardo



Foto de: c-technical

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